Si pasa, pasa

El gobierno volvió a exhibir un peligroso ir y venir en sus decisiones. ¿Son torpezas o son acciones que se revisten de error al ser descubiertas? La detención de Milani y los derechos humanos.

 

El gobierno se debate hoy qué estrategia encarar con vistas a las elecciones de octubre. El sector más ortodoxo, cuya bandera sostiene Jaime Durán Barba, cree que el lema electoral debe ser “somos nosotros o vuelve el kirchnerismo”. Los menos radicalizados se inclinan por una opción que no deje de lado el recuerdo de la herencia del gobierno que se fue pero que el corazón de lo que se diga tiene que ser los logros de la gestión que se inició en diciembre de 2015.

Cuando se estaba debatiendo esto entre los que de verdad se sientan a la mesa del presidente para perfilar decisiones, dos hechos de resonancia escandalosa en la palestra pública estallaron: la deuda del correo de Franco Macri y el recálculo (sic) del haber de la jubilación mínima. La administración de Cambiemos volvió a exhibir, otra vez, un peligroso ir y venir en su posición. Por lo del Correo, primero acusó a la fiscal que se opuso al acuerdo de ser K, de no entender de derecho y pergeñó conspiraciones diversas. Por lo de los haberes de jubilaciones, volvió a ver la mano de Cristina y sus seguidores y llegó a decir, en boca del vicejefe de Gabinete, que no los iban a correr por 20 o 30 pesos. Lo llamativo fue que en la conferencia de prensa de Mauricio Macri (buena decisión del equipo de someterlo a un verdadero preguntar y responder) dio marcha atrás concediendo implícitamente la razón a la fiscal Gabriela Boquín y a los opositores que bramaron por el recorte a los jubilados. Si se vuelve a foja cero, entonces ¿es que no tenían razón los oficialistas de enojarse como lo hicieron?

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Ser, aparentar y actuar

mauricio franco

 

 

El episodio con la deuda del Correo Argentino vuelve a interpelar al presidente Macri: ¿está decidido realmente a ir a fondo en la lucha contra la corrupción y el respeto a la ley?

 

“Detesto menos a los ineficientes o inútiles que a los que mienten omitiendo cumplir todo lo que voluntariamente dijeron que sabían hacer. Traicionar las expectativas planteadas por uno mismo debería ser delito en el código penal”. Así terminaba una obra de teatro española que hablaba de la resistencia al franquismo y que ponía en boca de su viejo protagonista el hastío por las promesas incumplidas.

Mauricio Macri debería tomar especial nota que hay enormes expectativas por su gestión. No es un presidente más que llegó en la sucesión ordinaria de un estado de derecho consolidado y acostumbrado a pendular entre distintas posiciones ideológicas sin sobresaltos. El actual titular del Ejecutivo asumió como máximo representante de una democracia golpeada en los últimos 80 años y luego de 12 de una gestión que deseó con voracidad y sin prejuicio ninguno eternizarse en el poder con prescindencia de las normas. Eso en lo político. En lo económico social, Macri gestiona un país que cristalizó y, peor, naturalizó el 30 por ciento de su población en la pobreza, conciudadanos sometidos a una situación socialmente injusta y económicamente presos.

 

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El teorema de Lousteau

Bajo la lupa. ¿Puede Cambiemos administrar el país como el PRO gestiona la ciudad de Buenos Aires? El ex ministro dice que no y dispara el análisis sobre el presente de la alianza gobernante.

 

“El PRO gobierna la ciudad de Buenos Aires con una lógica muy particular: es una superficie de 200 kilómetros cuadrados, tiene el quinto de la población de la provincia de Buenos Aires y el doble de presupuesto per cápita por habitante. No necesita de acuerdos políticos ni precisa de consensuar con los que no piensan como ellos. Con esa estrategia, sin embargo, no se puede gobernar un país como la Argentina”.

El que así habla es el embajador argentino en los Estados Unidos, Martín Lousteau, quien intenta describir la crisis política desatada en estas últimas dos semanas de diciembre. El ex ministro de Economía fue el que casi le arrebata al partido de Mauricio Macri su distrito bautismal cuando por poco le gana las elecciones a Horacio Rodríguez Larreta e, indirectamente, uno de los que apoyó la candidatura de Mauricio Macri hace un año.

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Un presidente ladrándole al espejo

Puja. La oposición sacó de quicio al gobierno de Macri con su proyecto de Ganancias; hubo acusaciones cruzadas y descalificaciones. Pero lo que se discute, en realidad, es poder electoral.

 

La  realidad de la política argentina quedó retratada esta semana en una foto en la Cámara de Diputados. Una veintena de legisladores de 13 partidos distintos sacaron de quicio al gobierno nacional al acordar un proyecto de modificación al impuesto a las Ganancias que Cambiemos considera un mamarracho impracticable. De un lado y del otro, volaron calificativos que van desde soberbio, impostor, destituyente y golpistas. De lo que se discute es de poder electoral. No del fondo de la cuestión.

 

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Gestos frente al mar

El retiro. El presidente Macri reunió a su equipo de trabajo en Chapadmalal para marcar límites y exigir un mayor impulso en la gestión a fin de alcanzar resultados concretos. La molestia con Massa.

Mauricio Macri se dispuso este fin de semana a recuperar la gestualidad que él supone lo depositó en la presidencia de la Nación. La convocatoria a Mar del Plata de buena parte de su equipo sirvió para poner negro sobre blanco lo que cree el titular del Poder Ejecutivo y, con formas PRO, marcar cuáles son las banquinas a los dos lados de la ruta que él ha decidido trazar. Por derecha, le puso límites a la ortodoxia económica de su partido. Por izquierda, a los acuerdistas como Emilio Monzó o Federico Pinedo, que piden apertura del gobierno. Macri quiere gestos convencidos de optimismo y trabajo concreto en los resultados. Eso dijo.

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Halcones y palomas amarillos

La marcha del gobierno. En Cambiemos ya no logran ocultar la división entre dos sectores con visiones distintas sobre la gestión y sobre cómo seguir en el futuro inmediato. El presidente parece inclinarse por el sector más ortodoxo.

 

El  gobierno nacional ya no oculta que está fragmentado en dos. No hay dudas de que la coalición Cambiemos ha sorteado con éxito el fantasma de parecerse a la Alianza de Fernando de la Rúa, pero esta situación no logra ocultar la división entre palomas y halcones del partido amarillo. Por un lado, Marcos Peña, Fernando de Andreis y Jaime Durán Barba, entre otros, son los que representan a los ortodoxos de la gestión que creen que el poder se ejerce sin concertación con la oposición y esgrimen como prueba irrefutable las encuestas que el ecuatoriano les hace llegar cada semana de confección cuasi orfebre para saber si hay apoyo popular o no a la gestión. El factor Cristina y el kirchnerismo residual que se victimiza como perseguido a pesar de bolsos de dinero, empresarios amigos que tienen más dinero que lo que cuesta el Fútbol para todos, o la propia ex presidenta montando un reality show en redes sociales en una causa demasiado mediatizada por el juez, ayudan como espejo para muchos que detestan aquel modelo terminado hace un año.

 

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Lavagna y la psicosis

Un misil contra el gobierno. El ex ministro de Economía calificó con crudeza la situación del país y disparó el enojo y la reacción del Ejecutivo. Sin embargo, hasta el presidente de la Nación sabe que no mintió.

Rberto Lavagna se transformó en un inesperado misil lanzado hacia el gobierno en su línea crítica de flotación. El respetado ex ministro de Economía de la Nación recurrió a su habitual tono mesurado para calificar con crudeza la situación económica del país. “Ya hemos tenido este tipo de modelo, con los militares y en los años ’90, y no consigue dar resultados efectivos. Esperemos que haya tiempo de modificaciones y correcciones, pero hoy lentamente nos hemos ido deslizando hacia una política que ya conocemos”, le dijo a este cronista en una entrevista radial.

La administración Macri no cabía en su enojo. Un ministro del Poder Ejecutivo propuso recordar trapos viejos sucios del ex funcionario. Hasta se malició rememorar el paso de Lavagna en la embajada de la Unión Europea y un supuesto ingreso de dinero privilegiado por esa función hasta que el jefe de gabinete calmó a los propios.

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Al menos que parezca

En otro mundo. La desconexión de la clase política argentina con la realidad de las mayorías es impactante. Con el 30 por ciento de la población en situación de pobreza, es injustificable el aumento de las dietas de los legisladores.

 

Los países deberían tener funcionarios que se parezcan a sus ciudadanos. No es imprescindible que sean iguales. Al menos que se les parezcan. Una nación en crisis económica, con el treinta por ciento de pobreza, con uno de cada tres personas de centros urbanos viviendo en villas de emergencia, debería alzar la vara de la similitud entre los políticos y los que los votan.

 

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Al César lo que es del César

Iglesia y Estado. Distintos acontecimientos de estos días obligan a reafirmar que nuestro Estado es laico y que por lo tanto debe regir la ley de los hombres y no los de alguna religión en particular.

María Eugenia Vidal es una profunda devota católica. Se sonríe cuando sus opositores políticos la definen como “la catequista”. Es que lo fue. Ella nunca ha escondido su fe. Cuando se ingresa en su oficina del alto piso de Banco Provincia en pleno centro porteño se distingue rápidamente la imagen de la Virgen de Fátima que la acompaña en todos sus escritorios. Cuenta un visitante reciente de ese lugar que reparó en la estatua de la madre de Cristo que Vidal se alegró por esa mirada. “Soy agnóstico. No creo en nada”, le dijo su interlocutor. A los pocos días, la gobernadora le hizo llegar a su casa una réplica de la Virgen con una nota de puño y letra que decía “aunque no creas, ella te acompaña siempre”.

 

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El fin, el insulto y los medios

El destape. Margarita Stolbizer sacudió el tablero político: acusó al gobierno de especular electoralmente con las causas judiciales que comprometen al kirchnerismo. Los que se benefician con la grieta.

 

Margarita Stolbizer puso en jaque al gobierno de Mauricio Macri. De forma inesperada, la dirigente del GEN le arrebató el lugar de interpelación moral que se creía reservado a Elisa Carrió y descolocó a la administración nacional. “Las causas judiciales que investigan la corrupción están frenadas. El gobierno no hace nada y especula con ellas a través de una mirada electoral”, dijo la diputada bonaerense.

 

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