Opinión

Este espacio supone encontrarnos con reflexiones de actualidad planteadas desde el lugar de la toma de posición. Algunos textos propios y, especialmente, ideas de colegas o pensadores invitados aspiran a ser el momento de mayor dialéctica de un espacio que reconoce en el otro que opina parte de la razón.

Milagro Sala: de la justicia a la chantada política

No es cierto que un fallo de la Corte Interamericana pueda obligar a que la dirigente social vaya a prisión domiciliaria. ¿Por qué entonces un magistrado jujeño resolvió otorgarle ese beneficio?

 

Cualquier persona acusada de un delito transita la espera de su sentencia absolutoria o condenatoria en solo dos condiciones: en libertad o en prisión preventiva. No hay más chances. Libre o preso. La posibilidad de cumplir arresto domiciliario no es una tercera opción. Es apenas una variación de ser preso.

La norma constitucional argentina ordena que toda persona que es acusada debe permanecer libre hasta que una sentencia firme (sin más instancia de revisión) decida lo contrario. Salvo, seamos gráficos antes que preciosistas desde lo jurídico, que el acusado pueda darse a la fuga o pueda entorpecer la causa. No hay más.

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Equitación con la ley

Días complejos. Esta semana fue muy demostrativa de cuánto se desprecia la norma y qué instalado está en el imaginario social lo poco que importa eso. Sobran los ejemplos.

La recordada abogada Carmen Argibay sostenía que en nuestro país la ley es, siempre, un obstáculo. “¿Y qué hace uno con los obstáculos? Los salta. O al menos trata de hacerlo”, se respondía la ex ministra de la Corte Suprema de la Nación. “Hasta que no creemos una conciencia de que la ley es el vehículo menos malo conocido para facilitar la convivencia, estaremos complicados”, completaba ella.

Podrían citarse cientos, miles de ejemplos que justifican lo que decía Argibay. Esta semana fue un rosario demostrativo de cuánto se desprecia la norma y qué instalado en el imaginario social está lo poco que eso importa. La política y, cómo no, los analistas de ella se trenzaron en una alquimia aritmética para saber si la plaza del 24 de Marzo, la de unos días antes convocada por la CGT o el #1A demostraban fortalezas o debilidades de un gobierno, de la oposición o de distintos grupos de presión y poder vernáculos. Poco importa que la ley sostenga, hasta hoy, que los gobiernos se eligen en comicios libres cada cuatro años y que las renovaciones parciales de los legisladores cada dos es el test democrático para saber de aprobaciones o rechazos a los gobiernos.

 

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