Todos somos Matías Bagnato

01-05-2017  – La masacre de Flores. Sus padres y sus hermanos fueron asesinados. El hombre que los mató, que lo amenazó sistemáticamente por teléfono estos años, puede salir de la cárcel gracias al régimen de libertades anticipadas.

 

Matías es un chico encantador. Quizá no corresponda decirle chico porque es un hombre que ya pasó los 30. Sin embargo, cada vez que uno habla con él resplandece su costado juvenil. Su mirada, siempre lo pensé, guarda algo de un adolescente. Su presencia luce como la de un chico.

Es raro. Porque justo en esa etapa de su vida, a sus 17, se estrelló sin previo aviso con la adultez. Si es verdad que uno se “hace grande” cuando pierde a sus padres, Matías entró a la mayoría de edad un 17 de febrero de 1994 cuando Fructuoso Alvarez González cumplió la amenaza que venía profiriendo e incendió la casa en donde dormía este chico. Entre las llamas murieron el dueño de casa, José Bagnato, su mujer, Olga Plaza, los papás de Matías, y los hijos de ellos: Fernando de 14 años, Alejandro de 9 y un amiguito que se había quedado a dormir esa noche, Nicolás Borda, de 11 años. En un instante, Matías quedó sin padres ni hermanos.

Según el expediente y algunas constancias judiciales, el padre de Matías le debía unos 200 mil pesos al asesino. Como no se los pagaba le advirtió: “Voy a matar a toda tu familia. Les voy a prender fuego. A todos”. Pudo hacerlo, salvo con Matías que logró saltar por una ventana que daba a una especie de jardín cuando el humo lo ahogaba y tomó conciencia de que no podía salvar a nadie de su sangre.

El asesino fue capturado cuatro días más tarde y condenado a perpetua en noviembre de 1995. En 2004, merced al concepto de extrañamiento que supone que un extranjero que cumplió la mitad de la condena puede pedir ser enviado a su país de origen, fue extraditado a España para que completara la pena allí. En 2008 lo liberaron, pero este año se supo que había falseado datos para lograrlo y volvieron a ordenar su captura. Alguien se “equivocó” con el cálculo de los días de prisión. Desde entonces, sin solución de continuidad, el homicida amenazó telefónicamente a nuestro chico. “No te me vas a escapar. Te voy a matar”.

Desde el año pasado, Matías lidia con la posibilidad de que Alvarez González sea liberado. Y por ende, de que cumpla su amenaza. Matías sabe que este tipo quiere matarlo. Todo pasó, primero, gracias al régimen de libertades anticipadas que le permite a un condenado por un quíntuple asesinato salir de prisión si se acredita “buena conducta”. Luego, porque cumplida la mitad de la máxima condena, el régimen de libertad es todavía mayor.

Matías te mira y te pregunta: “¿Me podés decir qué cosa hay que hacer para la ley argentina para que te dejen adentro y no salgas nunca más?” Y uno, ni nadie, puede darle respuesta, porque no la hay. En nuestro país, no hay ningún delito, ninguno, por atroz que sea, que suponga que alguien quede detenido de forma perpetua. Un violador serial que asesine a sus víctimas sabe que la expectativa máxima de reclusión es de 35 años y, conoce también, que a los 17 puede empezar a pedir salidas anticipadas.

La semana que empieza con el feriado del 1º de mayo se conocerá si el juez de ejecución penal que entiende en la causa libera “conforme a derecho” a Alvarez González. Por qué no te vas del país, le preguntás a Matías. “Ya perdí todo. Mi familia, mi historia, mi casa. También tengo que perder mi país, mis amigos”, te responde. Tené custodia, le sugiere otro amigo mientras tomamos un café. “Tengo. ¿Sabés en qué se transforma tu vida cuando vivís con custodia permanente?”, responde.

Matías Bagnato, de él se trata, es la víctima de la denominada Masacre de Flores. Desde entonces, él puso en acto la resiliencia y militó por el derecho de él mismo y del resto de las víctimas de la impunidad para que las leyes fueran cambiadas. Pidió, por ejemplo, que cuando un juez tramite las libertades anticipadas de los delincuentes, los familiares de los que padecieron las consecuencias de esos actos delictivos sean escuchados y se resuelva delante de ellos. Reclamó, además, que algunos crímenes como el homicidio, la violación, el femicidio no admitan más que el cumplimiento a rajatabla de la pena. Si son dieciocho años que sean 216 meses y ni un día menos.

El Senado de la Nación lleva discutiendo el tema desde hace 4 años. Dos veces perdió estado parlamentario el proyecto. La semana pasada fue despachado con modificaciones luego de 15 meses de dilaciones. Ocho legisladores, todos del Frente para la Victoria, se opusieron aduciendo que la idea de impedir que un homicida salga antes de haber cumplido toda su pena es represiva. Paréntesis. ¿Habrá alguna chance de recuperar la palabra represión para el bando de la ley? Nadie, claro, puede estar a favor de la represión ilegal, contra derecho. Pero el Código Penal, entre otros, es un muestrario de actos “represivos” para condenar al que viola aquella misma ley. El que matare a otro será “reprimido” con una pena de 8 a 25 años, no es un acto delincuencial o ilegal. Al menos, eso creemos lo que sostenemos que las normas sirven para garantizar un mínimo de convivencia pacífica. Paréntesis que se cierra.

Un senador de una provincia del norte que conversó con este cronista, maldita sea en un off que yo mismo acepté y por eso no puedo identificarlo, dijo que la restauración de la derecha de Macri hace que se piensen en leyes represivas como éstas. ¿Represivas?, repregunté. ¿Violar a Araceli y pedir que los autores no salgan es represivo? A esa pregunta respondió un juez penal de Necochea que no tiene problemas en ser adjetivado como “garantista” de la corriente de Raúl Eugenio Zaffaroni. Mario Juliano, en charla radial, dijo que pensar en una pena perpetua es truncar las expectativas de una vida futura del delincuente. ¿Y las expectativas de vida de Micaela, por ejemplo? Si yo, por ejemplo, a mis 22 años violo y mato y me dan perpetua, me fijarán pena máxima de 35 y a los 17 tengo salidas transitorias. ¿Es justo que a mis 40 años yo esté otra vez en la calle?, le preguntamos al juez. “Es la ley”, dijo.

Matías Bagnato corre riesgo de ser asesinado. No hay metáfora. Un tipo que le prendió fuego a 5 personas de su familia ya demostró que quiere hacerlo. La ley de salidas anticipadas que preserva las “expectativas de vida” de este delincuente se lo garantiza. Una vieja docente de Derecho de la ciudad de Rosario, iniciaba su curso diciendo que cuando uno debiera resolver un caso siempre, pero siempre, debía imaginar la solución justa. “Pregúntense a cada momento qué es lo más justo para este caso. Luego, recién entonces, vayan a los códigos. Nunca hay que empezar al revés. Primero, hacer justicia. El taparrabos jurídico aparece siempre después”, decía la maestra.

Algunos demagogos que dicen defender las garantías y los derechos humanos dirán que eso es someter la ley al capricho de los jueces y que eso es terrible, tremendo, peligrosísimo. Que Fructoso Alvarez González y tantos otros como él estén libres es lo verdaderamente terrible, tremendo y peligrosísimo. Matías y muchos lo sabemos.