La campaña

Estrategia. El presidente tomó partido en la puja interna por los sectores más duros del gobierno. La orden es confrontar con la oposición y activar medidas que favorezcan el consumo.

 

El gobierno nacional ha decidido dejar su papel de gestor de buenas ondas basado en la esperanza de un país mejor y se lanzó a la contienda electoral. Como se anticipó en esta misma columna, los dos sectores en pugna de Cambiemos plantearon su posición y el presidente, el martes pasado, tomó la decisión de apoyar a los más duros de su elenco y privilegiar la confrontación como estrategia con miras a las elecciones de octubre. “Los globos de colores sostenidos por chicos sonrientes se desinflaron de la mano de los que decimos que ganamos en octubre o estamos en problemas serios”, confió uno de los “halcones” del staff oficial.

 

Esta semana, Macri ordenó a su gabinete político que endurezca su lenguaje y su equipo económico social que salga a exhibir medidas que tiendan a favorecer el consumo. No es casual que los tres presidentes de los bancos oficiales de la Nación, de la provincia de Buenos Aires y de la Capital Federal hayan exhibido un plan de préstamos hipotecarios a baja tasa con un atractivo plan de cuotas. Allí estaba Javier González Fraga, del Nación, que apuró una propuesta diseñada por su antecesor Carlos Melconian, eyectado del elenco gobernante por haberse negado a facilitar fondos de la entidad como pretendía el Poder Ejecutivo. González Fraga, un keynesiano mesurado y con sentido común, evitó responder con contundencia si sus propuestas basadas en el índice de inflación podrán atarse a la pauta del 17% o 18% pensando en el presupuesto. “Es una meta. No un pronóstico”, dijo. “En cualquier caso, no lo veo sencillo”, se sinceró. Primer problema serio. Si la inflación no está debajo de 25%, va a ser difícil explicar que el ajuste que se hizo, necesario, sí, da buenos resultados a los consumidores.

A la par de esto, se reiterará esta semana que empieza que las cuotas sin intereses vuelven al mercado. Una especie de “perdón, nos equivocamos con el proyecto de Precios Transparentes”, que motorizaría 3 y 6 cuotas fijas para electrodomésticos y algunos otros productos de consumo masivo como indumentaria. “Si bien Mauricio lo felicitó a Pancho Cabrera la semana pasada, en estos días le ordenó apretar el acelerador a la Secretaría de Comercio de Miguel Braun para que muestre resultados”, explicó a este cronista la misma fuente halcón antes citada.

Es muy interesante caminar por los pasillos de esta Secretaría que supo ocupar el incalificable Guillermo Moreno. Allí hoy se respira buen trato, intenciones de explicar y contar lo que sucede y funcionarios que no se cuadran ante la llegada de su jefe. Yendo al fondo: ¿qué piensa el secretario de Comercio sobre su intervención en la economía? Cuentan los empresarios y visitantes que transitan el edificio de calle Julio Argentino Roca que todos los responsables de la Secretaría se encargan de aclarar que la filosofía de ellos no incluye la intervención directa en el proceso de oferta y demanda. “Los telefonazos de Moreno a los gritos no existen”, grafican. Inmediatamente se esmeran en resaltar que ningún país que ha crecido en occidente u oriente lo hizo sino en base a su apertura y a su libertad de comerciar. ¿Para qué está la Secretaría entonces? Para combatir los monopolios y garantizar la defensa del usuario en el marco de la sana competencia. ¿Y en el marco de una crisis recesiva como la que se atraviesa? Igual. Así se piensa. Así se actúa. Aún en contradicción con ellos mismos por esto de querer “incentivar” el consumo.

La otra gran área de la que se esperan resultados es el Ministerio de Desarrollo Social de Carolina Stanley. Allí tampoco la tienen sencilla. Repuesta de su intervención quirúrgica de enero, la ministra ha debido enfrentarse a un reclamo social al que estaba acostumbrada pero con un escenario callejero que no esperaba. Los cortes de calle que se multiplicaron por casi 100 en menos de 10 días, jaquearon a la secretaria de Estado. Mauricio Macri, aunque no lo va a decir en público, comparte el concepto que brutalmente virtió Elisa Carrió en el sentido de que no se pueden despejar por la fuerza los piquetes porque hay un sector que espera un muerto en la calle. La muñeca de Stanley y el dinero que le habilitó el gobierno debería poder controlar este desborde que, según los eternos sondeos que manejan en Balcarce 50, les hizo perder unos 10 puntos de apoyo. Las caras más preocupadas aseguran que por primera vez desde la asunción Mauricio Macri tiene más imagen negativa que positiva. ¿Esto implica intención de voto? En las mismas oficinas rosadas dicen que no.

La elevación a juicio oral de la vidriosa causa del dólar futuro que tiene como una de sus imputadas a Cristina Kirchner fungió de puntapié para volver con la dogmatización de la opción “somos nosotros o vuelven”. Es raro. El PRO y los K coinciden en algo. Los primeros creen que azuzar esta dialéctica los hace recuperar la intención de voto de aquellos quizá desencantados por esta primera parte del gobierno. Los seguidores de la ex presidente, porque sostienen que todo lo dicho en la campaña por Daniel Scioli se está cumpliendo y eso les suma adhesiones.

No deja de ser llamativo que en esa lucha electoral no haya límites o temas que se excluyan. Si no podemos todos, sin banderías, reconocer que las interrupciones del Estado de derecho en general y la de 1976 en especial, fueron atroces, estamos complicados. La recordación del 24 de marzo quedó embarrada en esas chicanas. El gobierno que ya había tropezado con la inoportunidad (al menos) de querer cambiar la fecha arremetió con el concepto de combatir el “negocio de los derechos” humanos. Desde ya que hay que desarmar ciertos usos espurios que supieron parir Sueños Compartidos de Sergio Shocklender, por sólo citar un ejemplo. Pero, otra vez: ¿es necesario hacerlo justo ahora? La secta que ora mirando hacia Santa Cruz marchó a la plaza de Mayo bajo el slogan de favorecer helicópteros destituyentes o gritando que Macri es la dictadura. Raro. Cuando Mirtha Legrand definió a Cristina como dictadora clamaban que todos repudiáramos semejante calificativo.

A propósito: no deja de ser raro que el termómetro de muchas cosas sean las declaraciones de la presentadora de TV que almuerza ante cámara desde hace casi 50 años. Cuentan los cercanos al equipo de comunicación del gobierno que se analizó en profundidad el reportaje de la semana pasada que tuvo a Mirtha en Olivos. Jaime Durán Barba, indiscutido interlocutor del presidente, bramó traiciones y elucubró venganzas. Del otro lado, el bloque kirchnerista de legisladores propuso rescatar las frases de la diva como modo de demostración de la crisis económica de estos días. Si los que gobernaron y los que los sucedieron creen que este es un tema central para las mayorías, estamos, se insiste, en problemas.